Durante mucho tiempo, la pobreza energética se ha entendido como un problema silencioso que ocurría puertas adentro: hogares donde se apagaba la calefacción antes de tiempo, donde se evitaba encender el aire acondicionado pese al calor, o donde cada factura generaba incertidumbre. Sin embargo, hoy sabemos que la realidad es mucho más compleja.







